El café como opción en el post-conflicto

Bastante se ha escuchado de los perjuicios para el cuerpo humano que causan el consumo de café. Problemas cardíacos, ansiedad y hasta adicción, siendo la mayoría de estos, problemas totalmente ficticios. Lo cierto del asunto es que las personas ya empiezan a buscar alternativas para reemplazar la cafeína sin perder el delicioso sabor y aroma de un buen café, y estas nuevas opciones nacen en los lugares y de las formas menos pensadas.

Hace unos meses tuve la oportunidad de estar en Agua bonita, una vereda al norte de Florencia, en el Caquetá. Este departamento principalmente agricultor, es lugar donde se encuentra un Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR), zonas especiales otorgadas por el gobierno y la sociedad colombiana para que los excombatientes de las FARC vivan su proceso de volver a la vida civil. Héctor Ramírez es su nombre, y algunos han asegurado que es el primer pueblo socialista del país.

Allí, cerca de la biblioteca comunal y pintada de rojas las paredes, esta la casa de Ximena Narváez, excombatiente de la guerrilla y lideresa de las 250 personas que habitan el territorio. A pesar de su aspecto rudo y su fama de feroz por la retoma del Putumayo, acontecimiento muy recordado del conflicto armado, es una mujer amable y delicada, se notaba por la forma en la que organizaba los platos en el mesón uno junto al otro de manera simétrica luego de lavarlos.

Muy atentamente, nos recibió en su casa llena de luz natural y la brisa helada de una mañana lluviosa. Tomamos asiento alrededor de una mesa blanca mientras su esposo, Don José, terminaba de preparar tinto en la cocina a unos cuantos pasos de allí. Las gotas gruesas que rodaban por el tejado le daban ritmo a la conversación, el frío intensifica el deseo de café, que empezaba a oler de una manera bastante particular, familiar y extraña al mismo tiempo.

El aroma irrumpió con fuerza perseguido por el esposo de Ximena, quien entró unos segundos después. “Lo traje de lenteja”, dijo Don José, quien empezó a repartirnos los pocillos humeantes mientras nosotros hacíamos gestos de confusión. Creo que él lo estaba esperando. “¡A lentejas! a eso olía ahorita”, pensé para mis adentros. El primer sorbo fue cálido y suave, el humo me golpeó la cara y todos los sentidos, la extrañeza poco a poco fue sorprendiendo todo mi cuerpo que al igual que yo, disfrutaba de algo que no entendía pero que le fascinaba. Me recordó a los almuerzos de mi casa, que comía usando el uniforme del colegio algunos años atrás.

Era poco común, la verdad, que un tinto oliera almuerzo. No entendíamos y nos miramos entre nosotros tratando de comprender aquel peculiar sabor, poco común pero bastante sabroso. Luego de nuestras miradas Ximena nos explicó, que era hecho con un café que hacia una señora de una finca cercana, este era a base de lentejas tostadas y molidas, que luego eran mezcladas con un poquito de cafeína y aroma a café, como un tipo de infusión. Para cuando terminó de explicar yo ya había vaciado mi pocillo.

El objetivo de esta alternativa es disminuir la cafeína que se consume en cada taza, conservando el sabor y el aroma del café que tanto gusta y mezclándolo con otros sabores tradicionales como el de las lentejas, las arvejas o el maíz, y a pesar de que solo se encuentra en esa zona, sería bastante popular, porque de alguna manera era muy placentero, como estar en unas aguas termales. Lo cierto es que es delicioso, cálido y con un aroma suave que se desliza lentamente por las fosas nasales, permitiendo disfrutar de la lenteja y el café. Se convierte en una opción fantástica para quienes quieren disminuir el consumo de cafeína sin dejar de disfrutar de un fabuloso tinto, en una mañana de lluvia.